Desenamoramiento: cómo saber si se ha acabado o solo estáis cansados

Qué es el desenamoramiento, cómo distinguirlo del fin natural de la fase de enamoramiento o del simple cansancio, y por qué tanta gente confunde ambas cosas.
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«Desenamorarse» se usa para casi todo: para el cansancio después de una mala racha, para la calma que sigue a los primeros meses, y para el momento real en el que ya no queda vínculo que reconstruir. El problema es que estas cosas se sienten parecidas desde dentro, y confundirlas lleva a decisiones apresuradas en cualquier dirección: rendirse demasiado pronto, o aguantar mucho más de lo necesario sin saber muy bien por qué. Diferenciarlas no es un ejercicio teórico: cambia por completo qué hacer con lo que estás sintiendo.

Qué es el desenamoramiento (y qué no es)

El enamoramiento tiene fecha de caducidad, y eso es así por diseño, no por accidente. Según el modelo de las tres fases del amor descrito por el Instituto Gottman, la primera fase —la intensidad, pensar en la otra persona todo el rato, esa sensación de electricidad— dura de unos meses a unos dos años. Cuando esa fase termina, no significa que la relación haya fracasado: significa que ha hecho su trabajo, que era abrir la puerta a la fase siguiente, la de construir confianza día a día.

El problema es que muchas personas no lo saben, y cuando la intensidad baja, lo interpretan directamente como que la relación se ha roto. Son dos cosas distintas: el fin de una fase, que es esperable y no dice nada malo de la pareja, y el fin de un vínculo, que sí implica que algo se ha apagado de verdad.

Dos cosas que se parecen pero no son lo mismo

Cuando lo que se acaba es solo la fase de enamoramiento:

  • Ya no piensas en tu pareja constantemente a lo largo del día, pero tampoco te preocupa no hacerlo.
  • Las «mariposas» han dado paso a una calma que al principio puede confundirse con indiferencia, aunque no lo sea.
  • Sigues queriendo su compañía, aunque ya no la necesites con la misma urgencia de los primeros meses.
  • Podéis pasar un rato en silencio sin que eso signifique que algo va mal entre vosotros.

Según Psicología Hoy (la edición en español de Psychology Today), la fase intensa del enamoramiento —la limerencia— dura de media entre uno y tres años, y termina con la misma naturalidad con la que empezó, sin que haya que hacer nada especial para que eso ocurra.

Cuando lo que se apaga es el vínculo:

  • Has dejado de contarle a tu pareja cómo te ha ido el día, y no porque no haya tiempo, sino porque ya no te apetece.
  • Ya no discutís, no porque esté todo resuelto, sino porque nada de lo que hace parece afectarte ya, ni para bien ni para mal.
  • Te sientes más entendido hablando con otra persona que con la tuya, y cada vez te cuesta menos admitirlo.
  • Te has vuelto menos disponible, aunque sigáis viviendo juntos y compartiendo el día a día sobre el papel.

Estas señales, según Verywell Mind, son las que de verdad apuntan a una pérdida de conexión, no a que simplemente ha pasado la novedad de los primeros meses.

Un ejemplo de cómo se confunden ambas cosas

Imagina una pareja de cinco años que ya no siente la urgencia de los primeros meses: las mariposas se han ido, pero siguen disfrutando de sus planes juntos, se cuentan el día y les sigue apeteciendo la compañía del otro. Eso es fin de fase, no desenamoramiento. Ahora imagina otra pareja con el mismo tiempo de relación, donde uno de los dos ha dejado de contar cómo le va, ya no le importa lo que el otro haga, y se siente más cómodo hablando con cualquier otra persona. Aunque por fuera las dos parejas parezcan iguales —»llevamos años, ya no hay chispa»—, lo que pasa por dentro es completamente distinto.

Por qué cuesta tanto diferenciarlas

Cuando la intensidad baja, es fácil entrar en pánico y pensar «ya no siento nada por mi pareja» en el sentido más grave posible. El Instituto Gottman lo describe así: cuando termina la primera fase, una de las dos personas suele asustarse y salir a buscar de nuevo esa intensidad en otro sitio, sin darse cuenta de que esa fase ya cumplió su función y que lo que sigue —construir confianza— es el trabajo real de una relación, mucho menos vistoso pero más duradero.

«El desenamoramiento real no se parece a lo que la gente imagina. No es que un día dejéis de sentir nada; es que lleváis meses confundiendo la calma con la distancia, o la distancia con la calma, y nadie os ha ayudado a diferenciarlas.» — Rosario García Palomo, Psicóloga General Sanitaria (Col. AN02608)

Cuándo conviene pedir ayuda

Saber si lo que os pasa es el final natural de una fase o el final del vínculo no siempre se resuelve a solas, sobre todo cuando lleváis tiempo sin hablar de ello con claridad y cada uno tiene su propia teoría de lo que está pasando. Ahí es donde tiene sentido un espacio con alguien de fuera: la terapia de pareja en Sevilla ayuda a poner nombre a lo que está pasando, y sin ese paso cualquier decisión se toma a ciegas, con la información incompleta de solo una parte de la pareja.

Preguntas frecuentes

¿Es normal dejar de sentir «mariposas» en el estómago?

Sí. Es una de las señales más claras de que la fase de enamoramiento —más que el amor en sí— está llegando a su fin natural. No indica, por sí sola, que la relación se haya acabado.

¿El desenamoramiento significa que nunca hubo amor real?

No. Confundir el fin de la intensidad inicial con la ausencia de amor real es uno de los errores más comunes. Son procesos distintos: uno es biológico y temporal, el otro tiene que ver con el vínculo que se construye después de esa primera fase.

¿Se puede recuperar la intensidad de los primeros meses?

Tal cual era al principio, no: esa fase no vuelve. Lo que sí puede recuperarse es la cercanía, cuando lo que se había apagado era el vínculo y no solo la novedad de los primeros meses.

¿Cuánto tiempo hay que dejar pasar antes de preocuparse?

No hay un plazo fijo, pero si tras dos o tres años la calma inicial ha dado paso a una desconexión que no mejora, y las señales de pérdida de vínculo se mantienen mes tras mes, ya no tiene sentido esperar a que se resuelva solo.

¿El desenamoramiento avisa antes de instalarse del todo?

Casi siempre, aunque en su momento no se lea como aviso: menos ganas de contar el día, menos curiosidad por lo que le pasa al otro, menos interés en resolver los pequeños roces. Ninguna de esas señales por separado parece grave, pero su acumulación durante meses es precisamente cómo se instala el desenamoramiento real, a diferencia del simple final de la fase inicial, que no suele venir acompañado de esa pérdida progresiva de interés.

Para valorarlo en pareja, puedes pedir cita con Rosario García Palomo, psicóloga sanitaria en Sevilla, presencial en Sevilla Centro u online.